Con más de 25 años de vínculo con el club y 15 de participación activa en su vida institucional, Alonso enfrenta el desafío de recuperar a Wanderers dentro y fuera de la cancha
En el fútbol, no todas las historias de dirigentes comienzan en los despachos ni están relacionadas con una carrera profesional dentro de la industria. La de Andrés Alonso, vicepresidente de Wanderers, se construyó desde otro lugar: el vínculo con la gente del club, el trabajo cotidiano y la voluntad de colaborar incluso en los momentos más difíciles.
Su trayectoria profesional está alejada del fútbol, pero su relación con Wanderers supera los 25 años. Durante ese tiempo, construyó un vínculo con la comunidad del club que, desde hace 15 años, también se traduce en una participación activa en su vida institucional. Alonso colaboró en distintas actividades, desde la atención en el bar y la organización de comidas hasta el acompañamiento a los socios y los viajes del equipo. Tareas que forman parte de la estructura menos visible de un club, pero que sostienen su funcionamiento y fortalecen la relación con su comunidad.
Su amor por Wanderers también tiene una raíz familiar. Su tío abuelo jugó a la paleta vasca durante 40 años en la institución y fue una de las personas que despertó su pasión por el club. Una historia que ayuda a entender por qué su compromiso va más allá de una función dirigencial.
En Wanderers, además, la dirigencia tiene una particularidad: sus integrantes ejercen sus funciones de manera honoraria. Al tratarse de una asociación civil sin fines de lucro, quienes forman parte de la conducción dedican tiempo y esfuerzo a la institución sin recibir una remuneración por esa labor.
De la vida social a la conducción del club
El compromiso de Alonso fue creciendo hasta convertirse en participación política dentro de la institución. En un momento en el que Wanderers atravesaba dificultades institucionales y deportivas, un grupo de socios decidió presentar una lista para competir en las elecciones del club. Alonso destaca que el camino recorrido y los avances alcanzados no habrían sido posibles sin el trabajo de la agrupación Tito Borjas, de la que forma parte, y el compromiso colectivo de quienes trabajan por el futuro de la institución.
El resultado superó las expectativas iniciales. Tras una primera elección favorable, el grupo consiguió la mayor cantidad de votos en los siguientes comicios y consolidó una mayoría en la junta directiva. Alonso asumió la vicepresidencia hace un año, pasando de colaborar en las actividades cotidianas a integrar el equipo responsable de las principales decisiones institucionales.
El cambio de funciones también implicó asumir una realidad compleja. Según relata el dirigente, la institución recibió una situación económica delicada, con una deuda superior a los tres millones de unidades monetarias, que estima entre tres y cuatro millones, además de un escenario deportivo que la colocaba en riesgo de perder la categoría.
El desafío de sostener el presente y proyectar el futuro
La situación deportiva mantiene a Wanderers ante un desafío inmediato. El equipo pelea por la permanencia junto a otros tres clubes, en una disputa que puede marcar el rumbo de la institución a corto plazo.
Sin embargo, el panorama también ofrece una perspectiva alentadora. Alonso considera que la temporada ha sido positiva desde el punto de vista deportivo y que, si el equipo consigue mantener la categoría, existe la posibilidad de clasificarse a competiciones internacionales el próximo año.
La permanencia y la aspiración internacional representan dos objetivos que conviven en el presente del club: asegurar su lugar en la categoría y transformar el rendimiento deportivo en una oportunidad para crecer.
Para una institución que atraviesa dificultades económicas y busca consolidar su estructura dirigencial, el desafío consiste en sostener esa ambición sin perder de vista las necesidades que dejó la situación encontrada al asumir la conducción.
Un proyecto ligado a una sola camiseta
Cuando habla de su futuro, Alonso no plantea una carrera dirigencial que se extienda a otras instituciones. Su objetivo, según explica, es continuar trabajando por Wanderers y colaborar en todo lo que el club necesite. Tampoco manifiesta interés en ocupar cargos en la Asociación Uruguaya de Fútbol.
Esa definición sintetiza su manera de entender la función: el cargo es una responsabilidad vinculada a una institución concreta, no un paso hacia otra posición dentro del fútbol uruguayo.
Después de más de 25 años de vínculo con Wanderers, 15 de participación activa en la vida del club y de asumir la vicepresidencia en un contexto exigente, Alonso mantiene su atención puesta en el mismo lugar donde comenzó su recorrido. El futuro inmediato de la institución dependerá de los resultados deportivos y de su capacidad para afrontar los compromisos económicos, pero su apuesta personal permanece ligada al trabajo cotidiano y a la continuidad del proyecto institucional.
En un fútbol donde la atención suele concentrarse en los jugadores, los entrenadores y los resultados, su historia recuerda que detrás de cada club también hay personas que sostienen su funcionamiento lejos de los focos, movidas por un vínculo que va más allá de una profesión y que, en ocasiones, comienza mucho antes de asumir cualquier cargo.