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¿Es suficiente tener una buena plantilla para llegar a la final de la Libertadores?

El éxito deportivo también depende de la gestión, la planificación financiera, la infraestructura y las decisiones que se toman fuera del campo

En el fútbol sudamericano, contar con una plantilla de calidad es fundamental, pero no siempre es suficiente para alcanzar los principales objetivos. Detrás de los equipos que compiten de manera constante por los títulos suele haber un proceso que va más allá de los resultados inmediatos: organización financiera, profesionalización, inversión en infraestructura y dirigentes capaces de pensar en el futuro de la institución.

Las trayectorias recientes de Palmeiras, Estudiantes de La Plata y Flamengo muestran, cada una a su manera, cómo las decisiones tomadas fuera del campo pueden influir directamente en el rendimiento deportivo.

Palmeiras: reconstrucción, planificación y continuidad

Antes de convertirse en uno de los equipos más competitivos de Sudamérica, Palmeiras atravesó años difíciles. El club descendió a la segunda división del Campeonato Brasileño en 2002 y volvió a sufrir el mismo destino en 2012. En 2013, además, vivió una derrota por 6-2 ante Mirassol y, en 2014, sufrió un contundente 6-0 frente a Goiás, en una temporada marcada por la inestabilidad deportiva.

En ese contexto, la llegada de Paulo Nobre a la presidencia, en 2013, representó el inicio de una etapa de reorganización. La gestión priorizó el control financiero, la renegociación de deudas y la profesionalización de las estructuras del club. El objetivo no era resolver todos los problemas de inmediato, sino crear condiciones para que Palmeiras volviera a competir de manera sostenible.

La inauguración del Allianz Parque, en noviembre de 2014, también fue un paso importante para ampliar las posibilidades comerciales y de generación de ingresos. A esto se sumaron iniciativas para fortalecer la relación con los aficionados, como el programa de socios Avanti, y mejorar la estructura administrativa.

Los resultados deportivos comenzaron a acompañar ese proceso. Palmeiras conquistó la Copa de Brasil en 2015 y el Campeonato Brasileño en 2016, consolidando su regreso a la élite del fútbol nacional.

Sin embargo, la transformación no puede atribuirse únicamente a Paulo Nobre. Las administraciones posteriores, encabezadas por Mauricio Galiotte y luego por Leila Pereira, dieron continuidad a elementos importantes de la estructura construida durante los años anteriores. Aunque cada gestión tuvo sus propias prioridades, el club mantuvo su capacidad de inversión, competitividad y generación de ingresos.

Este aspecto es fundamental: una reconstrucción institucional no depende exclusivamente de una persona, sino también de la capacidad de elegir dirigentes que comprendan la importancia de preservar los avances, corregir errores y pensar más allá de su propio mandato.

Estudiantes: inversión y un nuevo modelo de gestión

Estudiantes de La Plata también ofrece un ejemplo de cómo la planificación institucional puede formar parte de un proyecto deportivo. Bajo el liderazgo de Juan Sebastián Verón, el club ha buscado fortalecer su estructura y ampliar sus posibilidades de inversión.

Uno de los movimientos más relevantes fue el preacuerdo anunciado con el inversor estadounidense Foster Gillett, que contemplaba una inversión de aproximadamente 150 millones de dólares y un horizonte de 30 años. La propuesta incluía recursos para el primer equipo, las divisiones juveniles, el centro de entrenamiento y el estadio Jorge Luis Hirschi.

El planteamiento apuntaba a ampliar la capacidad financiera del club y desarrollar una estructura capaz de sostener sus objetivos deportivos a largo plazo. También abrió un debate sobre la participación de inversores privados en el fútbol argentino y sobre los límites entre la necesidad de capital y la preservación de la identidad institucional.

En este tipo de iniciativas, sin embargo, es importante diferenciar los montos anunciados de las inversiones efectivamente realizadas y de sus resultados concretos. La llegada de capital puede ampliar las posibilidades de un club, pero no garantiza por sí sola el éxito deportivo.

La experiencia de Estudiantes pone sobre la mesa una cuestión relevante para el fútbol sudamericano: ¿cómo encontrar recursos para competir al máximo nivel sin perder de vista la sostenibilidad y el control institucional?

Flamengo: primero, reorganizar las cuentas; después, invertir

Aun sin llegar a la final, el Flamengo debe formar parte de este análisis. Semifinalista y actual campeón de la competición en el contexto abordado, el club carioca recorrió un camino similar al del Palmeiras, aunque con características propias.

La transformación de Flamengo también demuestra la importancia de pensar a largo plazo. A comienzos de la década de 2010, el club atravesaba una situación financiera delicada, con una deuda que rondaba los 737 millones de reales.

La llegada de Eduardo Bandeira de Mello a la presidencia, en 2013, marcó el inicio de una etapa centrada en la reorganización económica. La gestión priorizó el control de gastos, la renegociación de deudas y la creación de una base financiera más sólida, incluso cuando eso implicaba limitar la capacidad de realizar grandes fichajes a corto plazo.

La conquista de la Copa de Brasil de 2013 mostró que era posible competir mientras se avanzaba en ese proceso, aunque los principales resultados deportivos llegarían después.

Con el fortalecimiento de las finanzas, Flamengo comenzó a ampliar sus inversiones en el plantel. La llegada de jugadores como Diego y Everton Ribeiro formó parte de esa transición. Más adelante, durante la presidencia de Rodolfo Landim, iniciada en 2019, el club intensificó su apuesta deportiva con incorporaciones como Gabigol, Bruno Henrique, Giorgian de Arrascaeta y Gerson.

El resultado fue un equipo capaz de conquistar el Campeonato Brasileño y la Copa Libertadores en 2019, además de mantenerse entre los protagonistas del continente en las temporadas siguientes.

Al igual que en Palmeiras, el proceso no terminó con una sola presidencia. Las elecciones posteriores, incluida la de Luiz Eduardo Baptista, conocido como Bap, en 2024, se desarrollaron sobre una institución que ya había experimentado una profunda transformación financiera y deportiva. Las prioridades pueden cambiar de una administración a otra, pero la capacidad de sostener una estructura competitiva sigue siendo decisiva.

El caso de Flamengo demuestra que una política de austeridad no tiene por qué ser un objetivo permanente. Puede funcionar como una etapa necesaria para crear las condiciones que permitan invertir más adelante sin comprometer el futuro del club.

¿Qué tienen en común estos procesos?

Aunque Palmeiras, Estudiantes y Flamengo tienen historias, estructuras y realidades económicas diferentes, sus experiencias permiten identificar algunos elementos compartidos.

  • La planificación financiera ayuda a reducir la dependencia de resultados inmediatos y permite tomar decisiones con mayor margen de seguridad. Un club que organiza sus cuentas puede planificar mejor sus fichajes, invertir en infraestructura y afrontar temporadas difíciles.
  • La profesionalización de la gestión también es esencial. Las decisiones deportivas no pueden estar completamente separadas de las áreas financiera, comercial y administrativa. Para competir de manera constante, los clubes necesitan estructuras capaces de funcionar más allá de los nombres que ocupan los cargos directivos.
  • La inversión en infraestructura y formación contribuye a construir una base duradera. Los estadios, los centros de entrenamiento y las divisiones juveniles no siempre producen resultados inmediatos, pero pueden mejorar la capacidad de generar ingresos, desarrollar talentos y sostener el proyecto deportivo.
  • Por último, la continuidad institucional puede marcar una diferencia. Las elecciones son parte de la democracia de los clubes y permiten renovar liderazgos, pero también representan una oportunidad para elegir dirigentes comprometidos con la sostenibilidad. Continuar un proyecto no significa mantener todas las decisiones anteriores, sino preservar lo que funciona y corregir aquello que necesita mejorar.

La final empieza mucho antes del partido

Llegar a una final de la Copa Libertadores exige talento, preparación, competitividad y, en ocasiones, una dosis de fortuna. Una buena plantilla es indispensable, pero el rendimiento de un equipo también está condicionado por las decisiones que se toman durante años.

Palmeiras demuestra cómo una profunda reorganización institucional, acompañada de planificación financiera y continuidad en sus objetivos, puede convertir a un club en protagonista del continente.

Estudiantes de La Plata, por su parte, refleja los desafíos y las oportunidades que surgen cuando una institución busca nuevas fuentes de inversión para fortalecer su estructura y ampliar su capacidad competitiva. Flamengo también evidencia cómo la recuperación financiera y las decisiones estratégicas pueden crear las condiciones para invertir en grandes plantillas y disputar los principales títulos.

Ningún modelo garantiza trofeos, y cada institución debe encontrar un camino compatible con su realidad. Sin embargo, estos ejemplos apuntan a una misma conclusión: el éxito deportivo no se construye únicamente en el mercado de fichajes ni durante los noventa minutos.

Porque, en el fútbol, construir un proyecto ganador exige mucho más que acertar en una temporada: exige pensar en el club que existirá después de ella.