Más allá de Argentina, la trayectoria del astro argentino representa una etapa de protagonismo sudamericano en el fútbol mundial
Ha pasado más de una semana desde que Lionel Messi disputó su último partido con la selección argentina. El 6 de octubre, ante más de 85.000 personas en el Monumental, el capitán cerró su ciclo internacional con una actuación que resumió buena parte de su trayectoria: una asistencia, otra participación decisiva y un gol de penalti en la victoria por 3-0 sobre Benín.
Pero, con el paso de los días, la despedida puede analizarse más allá de la emoción del momento. La última aparición de Messi con Argentina no representa solamente el final de una carrera internacional extraordinaria. También marca el cierre de una etapa para el fútbol sudamericano.
Un símbolo que fue más allá de Argentina
Messi no fue únicamente el principal futbolista argentino de su generación. Su trayectoria terminó convirtiéndose en uno de los mayores símbolos de la capacidad sudamericana para producir talento de élite en un contexto en el que las principales estructuras económicas del fútbol mundial se encuentran en Europa.
Formado en Rosario y convertido en una estrella global en Barcelona, Messi pasó más de dos décadas defendiendo a Argentina. Terminó su ciclo como el futbolista con más partidos y goles en la historia de la selección, con 208 apariciones y 126 tantos, además de conquistar la Copa América de 2021, la de 2024 y el Mundial de 2022.
Sin embargo, reducir su importancia a los números sería insuficiente. Messi también representa una generación que consiguió cambiar la relación de Argentina con su selección.
La Copa América como punto de reconstrucción
Durante buena parte de su carrera internacional, Messi convivió con una Argentina que llegaba a las grandes competiciones con expectativas enormes, pero que acumulaba derrotas en los momentos decisivos.
Las finales perdidas de la Copa América de 2015 y 2016 y la derrota ante Alemania en el Mundial de 2014 reforzaron una narrativa que colocaba sobre Messi una responsabilidad desproporcionada.
El cambio comenzó en Sudamérica.
La Copa América de 2021, disputada en Brasil, significó el primer gran título de Messi con la selección absoluta. La victoria ante Brasil en el Maracanã no solo terminó con una larga espera argentina: también modificó la relación entre el jugador y su selección.
Tres años después, Argentina volvió a conquistar la Copa América. Entre ambos títulos apareció la Finalissima de 2022 y, sobre todo, el Mundial de Qatar.
La generación liderada por Messi consiguió así algo que durante años parecía cada vez más difícil para las selecciones sudamericanas: transformar su talento individual en una etapa prolongada de dominio internacional.
El último gran vínculo con una generación
La longevidad de Messi también tiene un significado particular para Sudamérica.
Su carrera internacional atravesó distintas generaciones de futbolistas, entrenadores y estructuras. Compartió selección con jugadores como Javier Mascherano, Ángel Di María, Sergio Agüero y Nicolás Otamendi, pero también terminó jugando junto a futbolistas que todavía están construyendo su propia historia.
En su último partido, incluso, uno de los goles argentinos fue marcado por Nico Paz, mientras Otamendi también se despedía del seleccionado. El contraste fue significativo: mientras una generación cerraba su ciclo, otra comenzaba a asumir protagonismo.
Messi deja, por lo tanto, un vacío deportivo difícil de llenar, pero también una transición inevitable.
Una rivalidad que pertenece a Sudamérica
La importancia de Messi para el fútbol sudamericano también está relacionada con una de las grandes rivalidades del continente: Argentina contra Brasil.
Durante años, el duelo entre ambos países fue uno de los principales escenarios del fútbol mundial. Messi formó parte de esa historia desde el inicio de su carrera hasta su etapa de mayor éxito.
La final de la Copa América de 2021 en el Maracanã fue especialmente simbólica. Argentina volvió a conquistar un título después de décadas y lo hizo derrotando a Brasil en su propio territorio.
Ese partido también mostró algo que excedía a Messi: el potencial competitivo de Sudamérica frente a las principales potencias del fútbol internacional.
El valor de una figura global nacida en Sudamérica
Existe otra dimensión que merece atención.
Messi desarrolló prácticamente toda su carrera de clubes en Europa, pero nunca dejó de ser identificado con Argentina. Su imagen global terminó funcionando como un puente entre el fútbol sudamericano y el resto del mundo.
En una industria donde los principales ingresos, inversiones y estructuras deportivas están concentrados en Europa, la aparición de jugadores sudamericanos capaces de convertirse en referentes globales continúa siendo uno de los grandes activos del continente.
Messi llevó esa realidad a otro nivel.
Su éxito no eliminó las diferencias económicas entre Sudamérica y Europa, pero demostró que el continente continúa siendo capaz de formar futbolistas que pueden definir una época en el fútbol mundial.
Después de Messi
La pregunta que queda ahora no es necesariamente quién será el próximo Messi. Probablemente no exista una respuesta para eso.
La cuestión más importante para Sudamérica es otra: qué hará el continente con la generación que viene después.
Argentina ya cuenta con futbolistas jóvenes que empiezan a ocupar espacios de protagonismo. Nico Paz, Franco Mastantuono y otros jugadores representan una nueva etapa, pero todavía deberán construir su propia historia.
El desafío será mantener la capacidad de formación, mejorar las estructuras competitivas y evitar que la distancia económica con Europa termine alejando cada vez más al talento sudamericano de sus propias competiciones.
Messi no solucionó ese problema. Tampoco podía hacerlo solo.
Pero su trayectoria dejó una evidencia difícil de ignorar: incluso en un fútbol cada vez más globalizado y económicamente desigual, un jugador formado en Sudamérica puede convertirse en el centro de la escena mundial y, al mismo tiempo, devolverle a su selección una identidad ganadora.
El final de una etapa
La despedida ante Benín tuvo todos los elementos de una celebración: un Monumental repleto, lágrimas, homenajes, un gol y una última victoria. Pero su verdadero significado aparece con mayor claridad después de que las emociones comienzan a bajar.
Messi no se despidió solamente de la selección argentina. Se despidió de una época del fútbol sudamericano.
Durante más de 20 años, su presencia permitió que distintas generaciones de aficionados vieran a un futbolista de su continente competir, ganar y convertirse en una referencia mundial.
Ahora comienza otra etapa.
Y el fútbol sudamericano tendrá que demostrar que el legado más importante de Messi no fue solamente lo que ganó, sino también la capacidad de seguir produciendo jugadores capaces de hacer que el mundo vuelva a mirar hacia este lado del Atlántico.